EL LLAMADO

¿Qué viene a tu mente cuando consideras el llamado al ministerio pastoral? ¿Te ves predicando la verdad de Dios a una audiencia cautivada? ¿O deslumbrando a la multitud con un derroche de brillante oratoria? ¿O descifrando los misterios del matrimonio en una sesión de consejería? ¿O tal vez desarrollando un modelo dinámico y novedoso de ministerio?

En 2 de Corintios 1:8-11 tenemos un vistazo del diario de Pablo, una muestra del día a día de un hombre en el ministerio. Y este vistazo nos revela una verdad sorprendente: el llamado al ministerio es un llamado al sufrimiento. Estos versos traen definición, claridad, y, tal vez lo más importante, realidad al ministerio pastoral. Sirven para uno preguntarse si en tiene lo que se necesita. El llamado al ministerio no es un llamado a la celebridad, sino un llamado a sufrir. No es un llamado a la comodidad, sino a la debilidad. Si no estás dispuesto a sufrir por causa del evangelio, deberías considerar otra vocación.

 

Pablo habla de una temporada en la cual estaba quebrantado, cargado, y abrumado. Pero a Pablo no le interesa provocar lástima. Por el contrario, él quiere revelar la actividad divina que hay detrás de la aflicción de un líder.

En los versos 8 al 10 Pablo nos cuenta una experiencia horrible que tuvo en Asia. Dice: “Porque no queremos que ignoréis, hermanos, acerca de nuestra aflicción sufrida en Asia, porque fuimos abrumados sobremanera, más allá de nuestras fuerzas, de modo que hasta perdimos la esperanza de salir con vida. De hecho, dentro de nosotros mismos ya teníamos la sentencia de muerte, a fin de que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos, el cual nos libró de tan gran peligro de muerte y nos librará, y en quien hemos puesto nuestra esperanza de que El aún nos ha de librar…”.

Pablo no especifica los detalles de esta prueba. Pudo haber sido el motín en Éfeso (Hechos 19), una lucha con bestias salvajes (1 Corintios 15:32), o persecución o enfermedad. No se nos dice con detalles lo que sucedió, ¡lo cual probablemente es bueno! ¿Por qué? Porque Dios nos habla a todos a través de las palabras de Pablo. En cierto sentido, podemos aplicar la prueba de Pablo a nuestra propia situación.

No conocemos el contexto de la aflicción de Pablo, pero sabemos que iba más allá de lo que él podía soportar con sus propias fuerzas. De hecho, ¡le hizo perder la esperanza de salir con vida! Pensemos en lo que está diciendo aquí. Pablo está describiendo un período que parece pre-suicida. Utiliza palabras emocionalmente desgarradoras. Fue una experiencia de debilidad incomprensible. Pablo estaba abrumado, sin escapatoria. Su estado emocional era tan sobrecogedor que sentía que estaba sentenciado a muerte.

¿Todavía quieres estar en el ministerio? Si es así, puede que tú también pases tiempo en “Asia”.  Puede haber momentos en los que te sientas abatido, atrapado y sin esperanza. Puede que tus expectativas de dar fruto se evaporen delante de tus propios ojos. Puede que el celo abandone tu corazón al batallar con la desesperanza. ¿Estás preparado para este tipo de experiencia en el ministerio?

Antes de que abandones el seminario, te tengo buenas noticias. Pablo no escribió estas palabras solo como un ejercicio terapéutico. Pablo preservó esta historia porque quería contarnos cómo fue liberado. Dios también quiere que sepas que tú también serás liberado. Es seguro que habrá dolor. Como sucedió con Pablo, este dolor a veces puede que sea indescriptible. Pero puedes proceder al ministerio confiado en que Dios dará propósito a tu dolor, tal y como hizo con Pablo.

En el verso 9 están estas palabras, “…a fin de que…”. Pablo está diciendo que hay un Autor que está escribiendo su drama, designando ciertos resultados y dando significado a las aflicciones que estaba experimentando. Ese Autor es Dios mismo. Dios puso a Pablo intencionalmente en una posición de debilidad en su ministerio, la cual lo llevó la perder la esperanza.

¿Por qué haría Dios esto?

Porque a Dios le importa mucho en qué y en quién confiamos. ¿Sabes qué? Nosotros no tomamos este asunto de confiar tan seriamente como Dios lo toma. Dios toma tan en serio en qué confiamos, y de qué o quién nos valemos, que crea los peores momentos de nuestras vidas para forzarnos a depender de Él. A veces, la obra más aparente de Dios sucede cuando nos encontramos forzados a dejar de tratar de descifrar a Dios y a comenzar a confiar en Dios. Todo esto es parte del plan de Dios para hacer un pastor.

Hay momentos en que Dios trae pruebas a nuestras vidas con el propósito exclusivo de enseñarnos a confiar en Él. En medio de estas pruebas no comprendemos por qué las estamos experimentando. Por dos años, José fue un ejemplo estelar de pureza, aun cuando la esposa de Potifar lo estaba tratando de seducir. Un buen día, inesperadamente y sin explicación, fue echado al calabozo. No hubo discusión, ni explicación, ni interpretación; Dios lo mudó del palacio a la prisión. Leyendo el libro de Génesis mientras disfrutamos un cafecito en Starbucks podemos ver claramente por qué Dios permitió que sucediera esto. Pero José no podía ver el porqué.

Si estás llamado al ministerio, espera momentos como este de José: estar aprisionado en una aflicción en la cual el dolor se siente arbitrario y sin razón.

A veces le place a Dios estremecer nuestras vidas. Y Él no se siente obligado a dar explicaciones. En esos momentos, el objetivo de Dios será, en parte, causar que confiemos en Él. Confiar en Dios casi siempre incluye podar y talar.

Los hombres que estén considerando el ministerio tienen que escuchar unas noticias que dan mucho que pensar. Si plantas una iglesia o te conviertes en pastor, inevitablemente Dios te hará pasar por pruebas de las cuales desconoces el porqué. Puede que un joven anciano sea diagnosticado con cáncer. ¿Por qué? Una pareja de personas mayores causa división en tu iglesia. ¿Por qué? Tu mejor amigo abandona la iglesia. ¿Por qué?

Al considerar el llamado al ministerio, pregúntate a ti mismo, ¿estoy dispuesto a sufrir emocionalmente o mentalmente por la causa del evangelio? Antes de responder, recuerda que este sufrimiento no será arbitrario o sin razón. Dios planta el evangelio profundamente cuando siembra el sufrimiento en sus siervos. Los pastores eventualmente descubren que Dios no solo causa que todas las cosas obren a bien (Romanos 8:28), sino que también causa que el sufrimiento del pastor obre a bien para las personas a quienes sirve.

El sufrimiento vendrá. ¡Pero haber aprendido a confiar en Dios y la experiencia de ser liberados hará que valga la pena!

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